Los viajes son como los cuentos, se inician con cierta incertidumbre, y se finalizan con nostalgia.
Es muy difícil ubicar el momento en que realmente se inicia un viaje, quizá porque nuestro existir es un largo trayecto de ida
que comenzamos al nacer y termina cuando cruzamos al otro lado de la raya que marca el límite de la vida…
En este blog quiero recordar mis viajes pasados así como contar los presentes.
Intento andar por el mundo, mirando la vida
cómo si de un libro se tratara, recolectando trazos de
historia apuntando aquello que se te escapa de los ojos, buscándome y encontrándome en los rostros y en el corazón de los pueblos que visito.
Maria Manderly

21/3/16

Jordania: El museo del desierto.


Jordania: El museo del desierto.  
A veces es inútil ese intento forzado de escribir sobre un viaje mientras sucede. Ni siquiera meses después o años más tarde, uno sabe cómo hilar esos flecos  enredado de datos e imágenes, quizá es necesario el plazo de una década, o tal vez nunca se escriba y sólo se recuerde.

De Jordania, el tejido es tan denso que nunca puse una frase sobre ella, aun siendo el país al que regreso en tardes de limpieza en los armarios.
 
 Pero …  Ya es hora de contar como recorrimos Jordania y Petra.


Petra era en sus tiempos la capital del antiguo reino nabateo y de la provincia romana de Arabia Pétrea, importante paso de caravanas, ruta de incienso y especias, lugar donde las rocas de arenisca lucen un color rojizo rosado que serpentea las superficies y crea murales de una belleza perfecta. Se llega por un desfiladero y que es como entrar en el útero materno y hacer el camino hacia la luz de nuevo cuando avanzas entre dos paredes gigantes que casi se rozan y desembocas en la fachada del Tesoro. La ciudad, escavada y esculpida en la piedra es una maravilla dentro y, creo, fuera del planeta.

Pero Jordania no es solo Petra, Jordania, Al-’Urdunn, puede también, contarnos a los viajeros, largas historias de invasores y colonos, de castillos y palacios fortificados, imponentes, solitarios y orgullosos en el desierto, donde  no es difícil sentirse  como un “cruzado moderno” te contara sobre ruinas y ciudades como Amman, Petra, Madaba, porque es un territorio con infinidad de riqueza humana y paisajística.


Impresionantes restos arqueológicos anuncian lo que aún queda por descubrir. La naturaleza ha creado sus propias maravillas en este país que, además, es Tierra Santa.

Dicen en Jordania que el jardín del Edén estaba aquí, en el fértil valle del Jordán. Y no sería extraño, porque recorrer este país es recorrer, paso a paso, la Biblia. El bautismo de Cristo o el Éxodo de Moisés forman parte de la extensa lista de acontecimientos que tuvieron lugar en estas milenarias tierras. A lo largo de su geografía se pueden descubrir más de los cien lugares mencionados en el Antiguo y Nuevo Testamento.

Hay tardes de lluvia, que cuando abro el tarro de cristal donde reposa la arena roja que traje del desierto de Wadi run y dejo que se escurra entre mis dedos,  me vienen recuerdos con aquella sensación de andar por el desierto y alcanzar el punto en que los manantiales y las cascadas refrescan la piel caliente de las rocas.  Las sensaciones y emociones son continuas. En este desierto y en particular en este país, hay una cultura muy propia que tiene sus orígenes fundacionales como país, en el mismo Lawrence de Arabia, allí mismo comienzas a comprender a este histórico personaje, muy ligado a la historia de Jordania.

Este árido desierto del Este, apenas alberga rastros de vida. Sólo infinitos paisajes undulados de piedras, cuya textura va cambiando con los kilómetros: campos de bloques, llanuras arenosas, extensiones negras de sílex, todo ello cruzado por algún reseco  “wadi” por el que corre el agua durante alguna tormenta, agua clara que dicen, descansa en el vientre largo y subterráneo de este valle  donde crecen algunos arbustillos.

Un desierto de formaciones de arena cuyos perfiles la luz del sol va marcando el té y el movimiento de los guías en absoluto silencio, la oración en la arena.  Todo esto nos  cautivo como  viajeros,  como buen seguro cautivo a los  cruzados cuando hace ya muchos siglos defendían los santos territorios que existen en este país, Betania o el Monte Nebo en la proximidad de Jerusalén…

Y en contra punto está el Mar Muerto, el lugar más bajo de la tierra, el lago más mar que conozco, saturado de sales potásicas y magnésica. Flotando boca arriba, tenía la impresión de estar suspendida en algún extraño plano equidistante del cielo y del agua.

Entre Madaba, la ciudad de los mosaicos, el mar Muerto el desierto rojo y Petra, está la página de mi actual recuerdo.

Así que ya es hora de rememorar aquel viaje, alistar las maletas de los recuerdos  y revivir  uno de los países más increíbles del Medio Oriente, en un viaje a las profundidades de  los maravillosos relatos de “Las mil y una noches”. ¡Veamos si fue así!
 
El viaje : Cuando llegamos al aeropuerto de Amman, el guía ya nos estaba esperando, hablaba un español bastante bueno, al principio me pareció un poco serio pero según fueron pasando los días y cogió confianza era muy ameno y simpático. Hoy después de infinidad de viajes puedo decir que fue uno de los mejores guías que hemos tenido, conocedor de su historia, buen comunicador y que estuvo en todo momento pendiente de nosotros.

Llegamos a nuestro hotel, el “DANA PLAZA “Un buen hotel en el centro y en medio de una calle muy animada. Aun recuerdo los atardeceres en la terraza de un café cercano donde podíamos fumar un  narguile viendo pasar la gente mientras manteníamos una tertulia con música de fondo y bebíamos un amargo y aromático café.

Nuestro primer día  sobre las 08:30 de la mañana después de un buen desayuno, pasaron a recogernos a nuestro hotel. En el camino pudimos comprobar el intenso tráfico de la capital y la mala conducción de los jordanos, bueno eso es un decir, realmente son unos ases del volante y un espectáculo ver cómo se entrecruzan sin intermitentes, sin respetar carriles ni ninguna norma y ya de peatones no digamos, es toda una odisea cruzar una calle sorteando vehículos y jugándote la vida en cada cruce.


 Por fin estábamos en Amman, a la que también se conoce como “la ciudad blanca” por el tipo de piedra empleado para la construcción de la mayoría de sus casas, es la cuarta ciudad más antigua del mundo y fue famosa en la antigüedad con el nombre de Philadelphia.                                                                                  
Tomamos dirección hacia el este para visitar los conocidos como “Castillos del Desierto”. Según íbamos saliendo de la ciudad iba cambiando el paisaje hasta que sólo vimos desierto.


Recorrimos la carretera que nos unía de Amán a Bagdad donde vimos  unos indicadores que nos acercaban a Iraq. Cuando adelantábamos los camiones iraquíes, no pude evitar acordarme, con vergüenza ajena, las ínfulas imperiales de aquel presidente cargado de complejos que padecimos hasta 2004.

Aquí  la carretera se ensanchaba  de un modo sorprendente porque se usó como pista de aterrizaje de aviones en algunos momentos de la guerra de Iraq y posterior invasión, y que aun hoy se  podría usar en caso de necesidad.
A la izquierda hay unos edificios militares. Los edificios forman parte de un complejo donde se entrenaba a parte de la policía, al  ejército Iraquí.

Los castillos del desierto: En el camino el desierto es constante, algunas jaimas  con ovejas y camellos  pastando y no lejos  se va viendo una serie de caravasares, un tipo de pequeñas fortalezas, situadas unas de otras a la distancia de una persona caminando en un día, y que servía para proteger las caravanas con camellos que atravesaban el desierto para alcanzar Bagdad e Irán.
Así que paramos a ver los castillos de El Qasr Kharraneh, el Qusayr Amra, con sus baños e interesantes frescos bizantinos, Qasr Azraq, el castillo de basalto negro, donde Lawrence de Arabia, estuvo una temporada dirigiendo la revuelta árabe en 1917 o el Qasr Halabat, ahora en reconstrucción con la ayuda de la cooperación española…Asombrosos lugares ¡

El Qusair Amra es el castillo más reconocido y espectacular de los que se encuentran en el desierto del este de Jordania.

Fue edificado en pleno crecimiento islámico en la región y refleja la esencia más pura del arte y la arquitectura de origen omeya e islámico.


En lo que se refiere a la decoración, ya que fue construido como una casa de baños, sobresalen los frescos que lo recubren. Tienen un interés excepcional porque retratan la vida humana: hombres cazando, atletas compitiendo, mujeres dándose un baño y bailarines actuando. Son del siglo VIII y se declararon  patrimonio universal de la humanidad, bajo la tutela de la UNESCO.

La restauración llevada a cabo por un equipo español dirigido por M. Almagro y L. Caballero permite que los frescos puedan ser admirados por miles de visitantes todos los años
 

El Qusair Amra es  también llamado “Castillo Rojo de Jordania”.El complejo tiene tres partes diferentes: el sistema hidráulico externo para sacar el agua del pozo; la sala de las audiencias comunicada con la sala del trono y con las termas.  Qusair Amra se atribuye al califa al-Walid I (705-715) aquel que también mando construir la mezquita de Damasco.


La sala de recepciones está pintada con frescos en las paredes y en los techos. En la pared de la derecha se ven los enemigos del califa al-Walid I, o sea el emperador de Bizancio; Rodrigo el último rey visigodo de España; Cosroe rey de Persia; el rey de Abisinia, el emperador de China y el rey de la India.

Toda una galería de retratos sorprendentes.


Un poco más allá, El Qasr Kharraneh, es el más espectacular…  Se  encuentra en medio de una llanura desértica, sobre una pequeña loma de 15 m de altura. Destaca en medio de la estepa  con su forma cúbica, de cuatro lados y torres en las esquinas que no superan la altura de las paredes, además de torres semicirculares en el centro de cada fachada y una entrada única. Está hecho con piedras de arenisca unidas con mortero.

Tiene unos 35 metros de lado y en su interior hay un patio rodeado por dos pisos con sesenta habitaciones. Se ven bien las ventanillas de los dos pisos del edificio: no son troneras militares, sino agujeros para la ventilación y la iluminación de los ambientes.

El siguiente castillo, el de “Qasr Al Azraq”, también llamado la Fortaleza azul  esta construido en bloques de granito negro.

Dado su antigüedad, ha sido un castillo habitado por distintos pueblos: nabateos, romanos, bizantinos, omeyas, en el siglo XVI los turcos otomanos y ya en 1917 durante la  Primera Guerra Mundial, Lawrence de Arabia estableció aquí su cuartel general para organizar la lucha contra el Imperio otomano. Su oficina aún puede verse encima de la puerta de entrada.


Lawrence permaneció en la fortaleza durante el invierno de 1917-1918, antes del asalto final en Damasco. Un par de años después, drusos sirios se trasladaron a la zona norte de Azraq, donde aún permanecen.

La importancia de este lugar se halla gracias el oasis de Azraq, la única fuente de agua permanente en unos 12.000 kilómetros cuadrados de desierto.


En la entrada principal, así como en otro salón del interior, hay una losa de granito a modo de puerta que se abre a un vestíbulo. Cada una de las losas de la puerta pesa una tonelada, pero las hojas se abren con facilidad gracias a las bisagras untadas con aceite de palma. La razón es que no hay madera en las cercanías, salvo las palmeras.
Mar muerto


Retomamos viaje y poco después por una carretera  pedregosa  en medio de la nada, lejos de cualquier civilización  y pegado a la carretera, se encontraba el Dead Sea Spa Hotel. Un complejo hotelero con SPA, era la entrada al  enorme lago que veníamos bordeando desde hacia varios kilómetros. Hacía mucho calor y el sol pegaba con ganas. A  este enorme lago salado se le llama el mar muerto.

 Mucho tiempo ha transcurrido desde que el Dios de los Cristianos, separara sus aguas para que pudieran pasar Josúe y sus judíos tras la muerte de Moisés en el Monte Nebo en busca de la tierra prometida. Mucho ha llovido también, desde que a orillas de ese mismo mar, en la desembocadura del río Jordán, Juan el bautista, el profeta cristiano, convenciera a miles de personas a abrazar la nueva fe que comenzaba.

 Este mar esta situado a 416,5 m bajo el nivel del mar entre Israel, Jordania y los Territorios Palestinos. Es de hecho el lugar más bajo de la Tierra, ocupando la parte más profunda de una depresión tectónica atravesada por el río Jordán y que también incluye el lago de Tiberíades. 

La zona del Mar Muerto posee una situación climática muy especial pues la alta presión atmosférica y la gran concentración de oxígeno en el aire, mayor que en el resto del mundo, mejora la filtración de rayos prejudiciales del sol y lo curioso es que ¡eso sucede en una zona desértica!

Tiene unos 76 Km. de largo y un ancho máximo de unos 16 Km.; su superficie es aproximadamente de 625 Km. cuadrados. Recibe agua del río Jordán, de otras fuentes menores y de la escasa precipitación que se produce sobre el lago. 

Es aproximadamente diez veces más salado que los océanos; la salinidad en el resto de los mares es de 35 gramos por litro. En el mar Muerto es de 350 a 370 gramos por litro, por lo que ningún ser vivo habita en él.

 Tan elevada salinidad es lo que impide a un ser humano hundirse en sus aguas debido a que la alta densidad ejerce un empuje superior a la del mar, pudiendo flotar sin ningún esfuerzo, característica que le ha hecho mundialmente popular.

Pero a mi me entra un cosquilleo de curiosidad cuando me cuentan que no muy lejos, estas agua también bañan los pies de la meseta de MASADA, lugar donde la historia cuenta que reino el rey Herodes. Hace algunos siglos, esas mismas orillas acogieron la ciudades de Sodoma y Gomorra y en sus laderas vivió Lot con sus hijas y también fue el escenario donde la mujer de Lot se convirtió en estatua de sal tras desobedecer a Dios y que aquí se encontraron los famosos manuscritos del Mar Muerto que dicen, hacen tambalear algunas de las doctrinas de las tres religiones monoteístas.


No obstante, es increíblemente  divertido el hecho de flotar aunque no se quiera, pero hay que tener cuidado con que el agua no salpique a los ojos ni entre en la boca, la sensación de quemazón resulta bastante desagradable.
También pudimos comprobar la sensación aceitosa que deja esta agua en la piel.


Estamos en el lado opuesto del Mar Muerto en el que se encuentran los territorios Israelíes. El sol iba  bajando según avanzaba el día con  una preciosa puesta de sol yéndose por el horizonte, dejando un reflejo en preciosos colores sobre los cristales de sal que cubrían las laderas bañadas por el mar como un caleidoscopio gigante.
Era hora de regresar al hotel, ducha y una excelente cena  nos esperaba. Aun quedaba mucho viaje y lugares que visitar al día siguiente.


Ya de buena mañana, con un sol de justicia, nos dirigimos a la ciudad romana de Jerash o Gerasa.
Después de Petra, esta antigua ciudad es el segundo destino turístico más popular de Jordania. Para que tengáis una idea aproximada de su tamaño os diré que sus murallas tenían más de 3,5 km. de longitud, unas 100 torres y un espacio de 80 ha.


Nada más cruzar la muralla aparece ante nuestros ojos el Forum, una magnífica plaza oval de 90 m. de largo por 80 de ancho delimitada por 56 columnas de estilo jónico, siendo ésta una de las imágenes distintivas e icono de las ruinas.


Entonces se la conocía como Antioquia del Krisorroas (río de oro) y era el punto de encuentro de las caravanas que desde Petra, procedentes de la Ruta de la Seda,   se dirigían a Damasco. La ciudad fue conquistada por Pompeyo en el 63 a.C., y en el 90 se incorporó a la provincia de Arabia. En época bizantina está documentada la construcción de numerosas iglesias (s. V-VI d.C.)  La mayoría de ellas, con los propios materiales de las edificaciones romanas.
 El momento de mayor apogeo ya había concluido, cuando en el año 614 los persas invadieron la ciudad. Tras la conquista musulmana del 636, bajo el gobierno de los Omeyas, la ciudad se convirtió en un centro regional, bastante conocido por acuñar monedas bajo el nombre del Califa Abd al-Malik bin Marwan (685- 705), decoradas con una mezquita. Tras el terremoto que azotó la zona en el 749 y el traslado del califato a Bagdad, el brillo de la ciudad se apagó.


Es una de las ciudades provinciales del imperio romano mejor conservadas del mundo, adornada con columnas, enormes templos, teatros, grandes plazas y termas. Me encanto !

Los monumentos más importantes de Jerash que aún se pueden ver son: el Arco de Adriano, el circo, los templos dedicados a  Zeus y Ártemis, el Foro de la ciudad, dos teatros (el gran Teatro del Sur y el más pequeño Teatro del Norte), dos baños, varios templos de menor importancia y una muralla casi completa y la  larga avenida  de la inmensa columnata  que surge del desierto como para recordar que aquí se elevaba antaño una ciudad greco-romana, la antigua Jerash de la Decápolis de Palestina y Siria, rival de Palmira  .

Pero la antigua Gerasa o Jerash no adquirió relevancia hasta la época de Alejandro Magno, en 333 a.C.
 
El macellum o mercado :

Este mercado de comestibles, construido en el s. II d.C., está situado cerca de la llamada plaza oval. Su entrada estaba flaqueada por 4 columnas y dos fuentes. El interior era un patio octogonal con una fuente en el centro y rodeada de 24 columnas corintias y 4 exedras en las esquinas. En época bizantina se convirtió en una tintorería y durante el mandato islámico se modificó una de las exedras para usarla como establo y almacén.


El enorme friso caído apilado a la bajada de los propileos espera a ser reconstruido.

 
La visita de la ciudad me encantó. Hay quien la llama la Pompeya de Oriente, aunque recorriendo su calzada, no pude por menos que acordarme de la preciosa Éfeso. Pero de nada valen las comparaciones, los lugares son bellos por sí mismos o no lo son.

 
Hay momentos en que crees retornar al pasado cuando te cruzas con soldados  romanos o Beduinos tocando la gaita y animando con música irlandesa a los turistas entre las ruinas y el Teatro Sur de  Gerasa.

Poco después el guia nos llevo a un bonito restaurante. El Restaurante se llamaba Green Valley Rst & Rest House. Comida jordana de excelente calidad y muy deliciosa.  Y después de un reconfortante café y  un calor de justicia volvimos al  autocar y nos desplazamos a la negra ciudad de Umm Qais.
Umm Qais, una de las 10 ciudades de la Decápolis según la Biblia
 
Extensas ruinas que  me recordaron un pasado esplendoroso, y todo, dispuesto de un modo que hace que las vistas panorámicas sean magníficas. Emplazadas en una colina, las ruinas se orientan hacia las vistas del Mar de Galilea, el lago de  Tiberíades, las alturas del Golán e incluso hacia Israel y las montañas fronterizas del Líbano.


Entre las ruinas, perduran calles con columnatas negras de basalto, terrazas abovedadas y los restos de dos teatros. Es ideal para caminar y disfrutar de las vistas.


Poco se sabe de la historia más antigua de Umm Qais también llamada Gadara, un sitio en la cima de una colina en la esquina noroeste de Jordania, pero si se sabe que está asociada con la historia de Jesús donde echó fuera de unos hombres los demonios y los puso en una manada de cerdos que corrió por una empinada ladera y se ahogaron en el lago.

 
La naturaleza que lo rodea es bella y podemos ver muchos árboles de oliva. Desde aquí pudimos   admirar las impresionantes vistas  sobre el Lago de Tiberíades, los Altos del Golán y Judea.
En la antigüedad, Gadara estaba situada estratégicamente, atado por una serie de rutas comerciales claves que conectaban Siria y Palestina. Fue bendecida con tierras fértiles y abundante agua de lluvia. Esta ciudad también prosperó intelectualmente.
 
El Encanto  de Umm Qais todavía perdura hoy en día. Una gran parte de la zona occidental del Teatro Romano ha sobrevivido a los cataclismos de la historia. Pasadizos abovedados  donde se apoyan  filas de asientos, construidos con piedras de basalto negro y duro. Hay  una fila de asientos  tallados para dignatarios  cerca de la orquesta, y en el centro había una gran estatua sin cabeza de mármol blanco de Tyche, la diosa de la fortuna y de la ciudad, que ahora se exhibe en el museo local.
 
 
Frente al teatro esta  la principal calle de columnas (cardo), que era, con toda probabilidad el centro comercial de la ciudad. Además, cerca del teatro de basalto negro esta  la terraza, que alberga un patio, una iglesia y una basílica.

Una  visita interesante, que recomendaría a todo el mundo que no se perdiera. No solo por las ruinas  en sí, que por si solas no son gran cosa, sino por el conjunto y por su situación en medio del desierto, lo que también permite disfrutar de un bonito paseo por esa zona tan árida con unas vistas impresionantes.

El día terminaba, ya de regreso con Iñaki  Felisa y Txomin, disfrutamos de un baño en la piscina del hotel antes de la cena, también nos gusto el ambiente del garito en el hall donde se podía escuchar música disfrutando de un té a la menta. Era la hora en que se reunían los clientes del hotel, hombres de negocios jordanos o turistas como nosotros a tomar una última copa antes de dormir.

Hoy día recuerdo este viaje como el más entrañable de todos los que realizamos.
 
Eran las 7 de la mañana de nuestro cuarto día en estas tierras bíblicas y tras  un excelente desayuno,  con el sol radiante de un día muy claro, nos pusimos  de nuevo en la carretera en dirección a nuestro siguiente destino y  el más soñado del viaje…Petra,  pero antes quedaban  muchos lugares  más por ver.



Así que después de atravesar una serie de lugares históricos,  llegamos  a Mádaba, conocida como la “ciudad de los mosaicos” son  bizantinos y omeyas.  Mádaba esta a sólo 30 kilómetros de Amán, por una carretera de 5.000 años de antigüedad conocida como el Camino de los Reyes, es uno de los lugares más memorables de esta parte de Tierra Santa.

 Nos desplazamos hacia la iglesia de San Jorge, de culto ortodoxo  y que posee un pavimento único, descubierto en el momento de su construcción en 1896 sobre el emplazamiento de una basílica bizantina. Es el mapa más antiguo que representa Tierra Santa.

Un mural en la pared recrea el mapa, y en la iglesia  en el suelo, el original de mosaico donde  se ve   Jerusalén y la Tierra Santa del siglo VI. Esta formado por dos millones de piezas hechas con piedra local de vivos colores, muestra colinas valles  pueblos y ciudades hasta el delta del Nilo.


Este mosaico  cubre todo el suelo de la iglesia situada al noroeste del centro de la ciudad, se calcula que fue realizado entre los años 542 y 570, basándose en los edificios que aparecen en el mismo.
 
 
En su origen el mapa medía 15,6 m x 6 m, con una superficie de unos 94 metros cuadrados, y más de dos millones de teselas, que ocupaban toda la planta de la iglesia. Actualmente mide una tercera parte del original y conserva unas 750.000 teselas.

Se pueden apreciar al menos 150 inscripciones griegas, lugares bíblicos como Jericó, el pozo de Jacob, el mar Muerto, el río Jordán con los peces nadando contracorriente para alejarse de las aguas del Mar Muerto, barcos, animales como gacelas y leones. Las murallas que rodean ciudades como Jerusalén, o Jericó se aprecian con claridad. Una parte importante del mapa la ocupa Jerusalén donde se aprecia con claridad el cardo con sus columnas, los muros de la ciudad, la puerta de Damasco, y las iglesias del Santo Sepulcro y la de Sion.
El mapa fue restaurado en 1965


 
Cerca  se encuentra la Escuela del mosaico de Mádaba , que funciona bajo el mecenazgo del Ministerio de turismo. Siendo el único proyecto de este tipo en todo Oriente Próximo, la escuela forma a los artesanos en el arte de crear, reparar y restaurar mosaicos.
 
 
Poco despues nos alejamos del lugar y a unos minutos de camino desde Mádaba por una pintoresca carretera vimos a lo lejos Mukawir, lugar donde se erige la fortaleza de Herodes el Grande. Cuando Herodes murió, su hijo Herodes Antipas heredó la fortaleza y se dice que desde aquí ordenó la decapitación de Juan Bautista, tras la fatídica danza de Salomé.  Y con un calor mas que  sofocante llegamos al monte Nebo.
 
 
Hay lugares únicos en el mundo que  me es difícil olvidar. Es suficiente haberlos visitado una sola vez. El Monte Nebo en Jordania es uno de ellos. La vista panorámica que se goza desde aquella altura, corta la respiración, haciéndonos contemplar de un solo vistazo la Tierra prometida.

Hoy, desde mis recuerdos, puedo decir que  también yo llegue hasta el Monte Nebo en Jordania, pero no  como debió llegar Moisés después de pasar con su tribu cuarenta años perdido por el desierto, y de haber pasado hambre y sed.

Yo llegue con la mente clara y las ganas de descubrir algo más en esas profecías cristianas. Pero al mirar desde el balcón del monte, solo pude ver un inmenso desierto de piedra, la calima que lo cubría todo, un atisbo de vergel en la lejana,  Jericó y un asomo de la ciudad santa de Jerusalén sobre las montañas que le dan nombre, yermas y muertas también. Intuí el espejo salino y acuoso del Mar Muerto y un hilo minúsculo de vida al paso del río Jordán.
 Yo solo vi eso.

 
El monte Nebo preside desde lo alto de sus 802 m el Gran Valle del Rift, una fractura geológica originada por la expansión de la corteza terrestre y por la cual discurre el Jordán. El lugar sin embargo es famoso por la Biblia, que cuenta que fue en la cima de este monte donde tras divisar a lo lejos la Tierra Prometida  murió Moisés y  fue enterrado.

 
Pero hasta la fecha el enigma continua y nadie sabe a ciencia cierta dónde está su sepultura. Fue enterrado en algún lugar que aún no ha sido descubierto. En el siglo IV se construyó en la cima de este monte bíblico una iglesia en su conmemoración. Fue ampliada en época bizantina y destruida en la Edad Media. Los franciscanos construyeron hace un siglo la actual iglesia, una gran basílica que encierra los restos de la anterior.

Durante su visita a Jordania en 2001, el difunto Papa Juan Pablo II pronunció aquí un sermón al que acudieron unos 20.000 fieles.
 
 
El interior del templo  conserva una colección notabilísima de mosaicos. El gran mosaico de la Iglesia conmemorativa de Moisés, con escenas de caza. Mide nueve metros de largo por tres de ancho. Por su tamaño y fecha (531d.C), está considerado como uno de los mejores  del mundo. Se le conoce como el mosaico de Siyagha, palabra aramea que significa monasterio.
 
Fuera de la iglesia en las proximidades del mirador hay una escultura  de bronce que representa la muerte y el sufrimiento de Jesús en la cruz con una serpiente que se enrosca a su alrededor. El báculo de Moisés se convirtió en una serpiente dice la leyenda, y un escultor la convirtió en realidad erigiendo esta enorme figura un tanto extraña que da sombra al mirador de la Tierra Prometida. Iñaki y Txomin intentan sujetar la piedra original que servía de puerta de entrada al antiguo monasterio y entre adelfas perfumadas, un memorial a Moisés.

En una ultima mirada al horizonte bajo el cielo azul, sin nubes, pero con una suave calima  se extendía  ante nosotros un panorama único. Como un lago de plata líquida brillaba  el Mar Muerto, y hacia el oeste la cadena de montañas calcáreas de color blanco parduzco de las tierras de Judea desde  donde sobresalían las cumbres de los montes de Jerusalén y Belén. Hacia el norte, en la lejanía la meseta de Samaria y Galilea, y las cumbres del Hermón, cubiertas de nieve según la época.

 A los pies del Monte Nebo estrechas cañadas que se prolongan por la depresión del Jordán es el lugar que esconde Betania, y en su lado occidental una pequeña mancha verde, es el oasis de Jericó.  Es el paisaje bíblico por excelencia, y con esta visión de Palestina decidimos bajar la montaña para  ir a bañar  las manos en el rió mas famoso del mundo, el río Jordán en Betania.

 
Un viento suave y ardiente soplaba  en el silencio en  torno al humilde monasterio, cerca, quedaban zonas repletas de ruinas y restos de columnas al lado de la monumental cruz de hierro, y envolviendo  al conjunto, como siempre, la soledad.
 
 
Cabecera del santuario

Betania. 
Dicen que cuando Jesús de Nazaret cumplió 30 años, abandono su pueblo y su casa y se fue a Betania donde un tal Juan el Bautista, el único profeta nombrado por las tres religiones monoteístas,  andaba bautizando a millares de personas. Allí lo bautizó y allí, parecer ser,  una paloma blanca descendió de los cielos y la voz de trueno de su padre dijo aquella celebre frase de que "Este es mi hijo más amado". En fin, que una nueva era comenzó para el mundo cristiano.

De aquel río de aguas claras donde la muchedumbre se acercaba para conocer al primo de Jesús, hoy solo queda un riachuelo sucio y de color verdoso que divide dos culturas y dos pueblos, al norte los judíos de Israel, al sur en tierra de libre culto, las mil y una representaciones de los cristianos.

Así que entre la devoción de algunos y la curiosidad arqueológica  de otros, llegamos a Betania un enclave cargado de misticismo e historia, acunada en el meandro del río Jordán. Apenas 8 kilómetros nos separan de Jericó y 20 Km. de Jerusalén y Belén, el auténtico epicentro de todos los acontecimientos relatados tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo Testamento.
Ojo…No hay que confundir a la Betania del Jordán con la aldea de Betania que estaba situada cerca del Monte de los Olivos a las afueras de Jerusalén, dónde vivía Lázaro junto a sus hermanas Marta y María.


 Desde el monte Nebo el  trayecto no fue  muy largo. A medida que nos íbamos acercando podíamos distinguir varias iglesias que se han ido construyendo estos años, anglicana, copta, Armenia y católica, cada una de ellas levantadas en tierra santa por alguna concesión. La primera es la más opulenta, erigida por un senador ruso, imagino que ávido por lavar sus pecados.


Nos adentramos a pie  en lo que según el guía se conoce como la Jungla del Jordán. Un típico sendero que lleva a la orilla del río.  La vegetación exuberante ha resultado posible debido a la presencia de muchos micros manantiales de agua dulce y al calor de la depresión de Jordania. El camino se encontraba totalmente rodeado de árboles, plantas y cañas. La vegetación era tan densa que a duras penas pudimos ver a través de ella. Parece increíble que al bajar del autobús el paisaje fuese desértico, y unos metros más allá nos encontrásemos con esta pequeña jungla.
El camino de tierra y pasarelas de madera nos conduzco hasta una zona de excavaciones arqueológicas con varios miradores y paneles informativos en los que se hace una pequeña reseña histórica del lugar y que también explican el significado de los restos encontrados

 
Aquí esta  la fuente de San Juan Bautista, al que Herodes cortó la cabeza y el que fue capaz de llevar esa religión hasta sus ultimas consecuencias. Este lugar ha sido calificado por un grupo de arqueólogos de reconocida autoridad a nivel internacional, como el lugar en el que San Juan bautizó a Jesús. Es un pequeño arroyo donde en su tiempo el santo venía practicando el ritual del bautismo. Hoy Apenas corre un hilo de agua.
 
 
Se piensa que Juan el Bautista vivía en una cueva situada junto a este punto y que por eso eligió este lugar para sus bautismos. Siglos después, el emperador Anastasio (491-518 d.C.) ordenó construir una iglesia bizantina en el lugar dónde estaba ubicada la cueva, pero actualmente sólo se conservan los cimientos y algunos mosaicos.
Según nos contó el guía, muchos de los fieles que descendían la escalinata de mármol para bautizarse en el mismo lugar en el que lo hizo Jesús grababan una cruz en la base de alguno de los cuatro pilares, así que si nos fijamos bien, podremos ver algunas de ellas.
 El lugar no tiene una belleza especial, pero el significado es tan importante que hace que no te deje indiferente.
 
 
El camino finaliza junto a una iglesia ortodoxa de nueva construcción. Muy llamativa por fuera con esas cúpulas doradas que brillan bajo el sol. Junto a la iglesia descendimos por unas escaleras hasta la orilla del río Jordán.

En este lugar, el Jordán tiene un caudal mínimo y sus aguas terrosas y amargas no se corresponden con las ensoñaciones que tenemos los viajeros. Muy cerca, cruzando el río, está Jericó y el monasterio de las tentaciones, es el lugar donde Jesús se retiró durante cuarenta días, después de su bautismo y antes de comenzar su vida pública

 

Allí  había una pequeña pila de piedra con agua del mismo río en la que se podía coger más cómodamente y mojar las manos. Y una plataforma de madera para poder observar el río, e incluso tenían habilitada una zona desde la que se podía coger agua del mismo. Todos nos acercamos y llenamos algunas botellas que guardamos  celosamente para llevar de recuerdo o regalo. Los más creyentes incluso se mojaban la cabeza en un ritual de evocación al bautismo.
Israel está a un par de metros más allá del Jordán frente a mi y descubrí como un simple arroyo de menos de dos metros de ancho separaba dos mundos, tan cercanos y tan diferentes. Por un lado los católicos y por el otro los judíos. Entre ellos dos metros, pero ni unos ni otros nos miramos, los únicos que se miraban eran los soldados israelitas y jordanos. Hay que recordar que el río Jordán es la frontera natural entre Jordania e Israel.
Así que  tome  el agua, observe la escena y me marche.
 
 
Sin embargo la espiritualidad del lugar, muy bien preservada, sobre todo en el lugar del bautismo de Jesús, me cautivó. No me arrepiento para nada de haber ido allí, y sin duda alguna lo recomendaría a todo el mundo más allá de las creencias personales de cada cual.

Había visto el regazo de río donde presuntamente se inicio el cristianismo, había ido a ver el lugar donde El Bautista hasta sus más remotas consecuencias  predicaba  y sin embargo…

Que importa donde viajes, sabes que determinadas ceremonias en las que el bautismo está presente datan de la época prehistórica.  Para los pueblos asentados a las orillas del Eúfrates y Ganges, estos dos ríos tienen el mismo significado simbólico que el Jordán para cristianos y judíos así como en otras religiones,  egipcia, babilónica, persa e hindú entre otras, que  al igual que en el cristianismo está presente el simbolismo del agua como signo de purificación y vida. El baño sagrado además de purificar  viste de intangible vida divina.

Volvimos sobre nuestros pasos y tomamos el camino de regreso. El sol estaba muy alto en el cielo, el calor pegajoso y muy húmedo,  subir al  autocar se me asemejaba llegar a un oasis moderno fresco y relajante y nos dejamos llevar.

 Y así es como tomamos dirección hacia el  Cañón del río Mujib.

 
 
 El río Mujib :
En ruta pudimos disfrutar de un bonito paisaje. Toda la carretera, que discurre paralela al mar muerto, es un espectacular contraste.  El mar a la derecha, y las montañas de una aridez extrema a la izquierda. Y para completar el cuadro, en las montañas de vez en cuando se abre una hendidura dentro de la que se ven palmeras y otro tipo de plantas. Un conjunto sorprendente.


Un poco mas allá el guía nos paro cerca de un profundo tajo en la montaña, es el camino del rió Mujib que corre al encuentro del mar muerto.


Este río en la Biblia aparece como río Arnon, avanza durante 75 km entre escarpadas y áridas montañas desde Madaba hasta Al Karak, formando un profundo cañón de 1.300 mts de desnivel que termina en la orilla oriental del Mar Muerto. En 1.987 se creó la Reserva Natural de Wadi Mujib de 220 km2 para proteger su rica variedad de flora y fauna, ofreciendo un refugio seguro a las diversas especies de felinos, cabras y otros animales de montaña.
A 400 metros por debajo del nivel del mar, la Reserva Natural Wadi al-Mujib es la más baja del mundo. Cubre más de 200 km2y es la segunda más grande del país. El río Mujib galopa entre sus montañas, valles y cañones a lo largo de la orilla este del Mar Muerto hasta que, exhausto, se deja caer en los brazos de este ultimo  para fundirse con él.
 
Y siguiendo esa carretera por cañones y desiertos solo salpicado por algunas   jaimas  y rebaños de camellos, llegamos al  fascinante castillo de Al Karak .

Castillo de Al karak  o el del “Reino de los Cielos” os cuento:

Hay una ciudad  en el sur del país, por  la antigua Ruta del Rey, La ciudad de Al-Karak  que es famosa por su gran castillo cruzado, que esta construido en la cresta de la montaña, a 930 m de altitud, y rodeado en tres de sus lados por un abismo sobre el valle.

Y dicen que durante siglos, los destinos de reyes y naciones se decidieron aquí.


Fue diseñado en 1140 por el gobernador feudal Payen le Bouteiller el  majordomo del rey Fulco de Jerusalén y señor de Anjou, Payen  administraba los feudos de los cruzados y  Karak se convirtió en el centro de su poder.
Pero unos años después de su construcción, el castillo pasó a manos de Reinaldo de Châtillon, un personaje que ha pasado a la historia por su temeridad y barbarie que  habiendo fracasado en la segunda cruzada, dedicó sus esfuerzos a saciar su sed de sangre desde esta fortaleza.
Tras años de saqueos, asaltos y matanzas indiscriminadas e incluso algún intento de atacar La Meca, a Saladino se le terminó la paciencia y ordenó sitiar el castillo  y asediar el reino cruzado en respuesta a los ataques de Reinaldo.
Lo intentó hasta en tres ocasiones sin resultado, gracias a que  Balduino IV, el joven rey leproso de Jerusalén hermano de la famosa Sibila, acudiera allí rápidamente en ayuda a Reinaldo. Este último volvió a ganarle la partida a Saladito, que  se vio entre las grandes murallas del Karak y el formidable ejército de Jerusalén, por lo que vergonzosamente, tuvo que retirarse.
Balduino IV, el joven rey leproso, pocos meses después de volver a Jerusalén desde Karak falleció, por aquel entonces ya estaba ciego, tenía la cara completamente desfigurada y sus brazos y piernas estaban mutilados. Las crónicas dicen que fue el mejor rey que tuvo el reino de Jerusalén, un rey muy sabio que fue injustamente olvidado en el tiempo.  Intentó conseguir la dificultosa paz entre cristianos y musulmanes y que solo tomo las armas cuando su reino se vio amenazado, y es justo decir que si no hubiera sido por su reinado,  los estados cruzados hubieran desaparecido mucho antes de tierra santa.
Pero finalmente, Saladito  en 1187  logró  vencer a los cruzados  en la batalla de Hattin y decapitar a Reinaldo de Châtillon con sus propias manos. Dos años más tarde, Saladino logró tomar la ciudad de Karak por la fuerza y se hizo con el control de la fortaleza. Desde ese momento el castillo no volvería a manos cristianas y permanecería bajo dominio musulmán por los siglos de los siglos.

 
Esta impresionante fortificación junto con otras, formaba parte de una invisible línea defensiva que iba desde Aqaba (al sur de Jordania) hasta Turquía y que servía para vigilar y defender las importantes rutas comerciales procedentes de Egipto y la península Arábiga rumbo a Siria y Turquía.

Este  castillo de Karak en Jordania junto a la Fortaleza de los Caballeros (o Krac des Chevaliers) y Qal'at Salah El-Din (o fortaleza de Saladino) en Siria, son las tres fortalezas más importantes y mejor conservadas de la época de las cruzadas en todo Oriente Medio.

 Tal y como está la situación actualmente en Siria, parece que la visita a Karak es la única recomendable, ya que además, la Fortaleza de los Caballeros de Siria ha sufrido importantes daños por culpa de los combates y bombardeos sufridos en el comienzo de la guerra civil que asola el país desde 2011.
Al Karak


Y aquí estábamos llegando con  vistas a la historia  en el mítico castillo de Karak que resultaba imponente y abrumador!
Su agitada existencia  tiene su reflejo en las mezclas arquitectónicas que pudimos  encontrar en el mismo castillo. Un castillo que es conveniente visitar pertrechado de linternas, ya que hay túneles y pasadizos que no están iluminados.

Así que nos tocaba guiarnos por el espíritu aventurero y las ganas de explorar que teníamos.
De que fue un castillo fabuloso te queda aún más claro  si una vez has visitado el Krak des Chevaliers en Siria, la gran joya de la arquitectura militar medieval de Oriente Medio, ya que este de Karak, es del mismo estilo y  de dimensiones similares  y es que resulta impresionante con su oscuro laberinto de corredores de piedra y pasadizos que parecen no tener fin. Los restos mejor conservados están bajo tierra y se puede llegar a ellos atravesando una gran puerta.
 
 
El castillo tiene 7 niveles en su totalidad. Fue construido en forma de A, con la punta hacia el extremo sur. Un foso protege el castillo en la parte de acceso norte.  Con un diseño exterior sobrecogedor,  su imponente puerta y una triple pared a su alrededor, pasó de los cruzados a caer en manos saladitas, quienes dejaron la huella de su victoria a través de inscripciones en las paredes del castillo, después de casi mil años, aun evocan el carácter y la esencia de los cruzados.

 
Nos metimos por pasadizos sin fin de los que parten nuevos corredores subterráneos que se adentran en las entrañas de la montaña,estos conducen a niveles inferiores en la  que no existe ni una mísera ventana que ilumine aunque sea de manera tenue esa negrura tan profunda.
 
Al volver a las salas superiores, los rayos de sol proyectaban una potente luz que se colaba desde el exterior a través de un agujero del techo, devolviéndonos al presente y convirtiéndose en el colofón perfecto  y  mágico  para este viaje al pasado del que acabábamos de regresar.
 
Hay que reseñar que el castillo de Karak y sus alrededores fueron escenario para numerosas escenas de la película de Ridley Scott “El Reino de los Cielos” que versa, precisamente, sobre la lucha de los Cruzados.

El autocar nos esperaba y no quise dejar el lugar sin volver el rostro y  contemplar una vez más  las bonitas vistas que se veían desde el puente de acceso.

Y es así como poco después nos fuimos a degustar  una deliciosa comida jordana. Desde la cocina, nos llegaba el olor de los vegetales horneados, de las hojas de vid, de berenjena y humus, del aroma de las hierbas, del ajo, de las especias, las cebollas, del  tomate y el limón.

Yo navegaba entre los sabores mientras descubría en las colinas de la ciudad las casas rectangulares y las mezquitas. Allí sentados en la terraza, con unas bonitas vistas sobre el castillo vivíamos una experiencia distinta y divertida en torno a una mesa.
Camino de Petra:

 
Una hora después el autocar nos esperaba, era el último tramo del viaje que nos llevaría a la ciudad de Petra, así que durante varios kilómetros, fuimos dormitando  y a ratos, viendo los paisajes pétreos  y los oasis de las arenas.
 
Íbamos llegando y en lo alto de una montaña,  pudimos ver un punto blanco, es el santuario dedicado a Aarón el hermano de Moisés, dicen que aquí esta su  tumba en las cercanías de Petra, gracias a lo cual fue descubierta la ciudad nabatea por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt, en 1812. Y así fuimos sorprendiéndonos  por abrumadores paisajes  hasta llegar a nuestro destino: el Hotel “Grande View “al pie de las montañas de Petras.

El hotel   tenía unas vistas impresionantes, es muy bonito y desde el jardín y la piscina  se puede disfrutar de unas vistas a las montañas, sobre todo al atardecer donde se encuentra Petra escondida y entre ellas,  en lo alto de la montaña la tumba de Aarón que se podía ver desde nuestra terraza.

Íbamos viendo el cambio de tonalidades de las montañas por diferentes tonos rojizos naranja o rosa... el sol se iba posando más allá de los salientes rocosos iluminando con su magia el santuario, y una calima suave envolvía el paisaje dándole una imagen irreal de postal antigua.
 
 Petra; en el neblinoso terreno de la leyenda.

Esa mañana  muy temprano  bajamos a desayunar, descansados y listos para recorrer el tramo que nos separaba de la entrada a Petra.

Petra estuvo más de 600 años escondida como una princesa de cuento de hadas o similar a una ciudad legendaria como Troya o la Atlántida, hasta que el joven viajero estudioso de Oriente Johann Ludwig Burckhardt la encontró. Es una maravilla y un espectáculo que el hombre esculpió  para adorar a sus dioses y sus ancestros.

Ubicada en las estribaciones del desierto de Wadi Rum, cerca del Mar Muerto, en un cañón que recoge las aguas de los montes de Petra, los nabateos, una tribu antigua que tuvo su esplendor en el siglo VI, pero de los que se tienen datos desde 3 siglos antes de Cristo, supieron crear un entramado de canalizaciones y conductos de agua en una tierra sedienta, para atraer a sus ciudad a las caravanas que venían de La Meca o que regresaban de la ruta de la seda en Asia. Dicen que por los estrechos pasos del cañón, llegaron a pasar hasta caravanas de 2.000 camellos y vivieron en la ciudad más de 25.000 personas.

También me señala el guía que Petra se menciona en el Antiguo Testamento de la Biblia bajo varios nombres, y se cuenta que durante el Éxodo, Moisés y los israelíes atravesaron el área de Petra en Edom. La tradición local afirma que el manantial de Wadi Musa (el valle de Moisés), justo a las afueras de Petra, es el lugar en el que Moisés golpeó una roca de la que salió abundante agua. Además, según apuntan algunos estudios, podría haber sido, también, la última escala de los tres Reyes Magos camino a Belén.
Así que fuimos a comprobarlo!

 
El camino que del hotel nos lleva hasta la entrada del cañón del Siq es polvoriento y bordeado de curiosas rocas esculpidas, en el se mezclan los caballos, burros, calesas o incluso algún dromedario con la gente que vamos caminando.

En los laterales empiezan a surgir algunos  monumentos de forma cuadrada y de construcción nabatea. No se sabe exactamente que son, quizás tumbas, aunque tampoco sería extraño que fueran construcciones en honor del dios nabateo Dushara.

Una de esas construcciones es la Tumba del Obelisco, de marcada influencia egipcia, donde observamos cuatro obeliscos que rematan la parte superior del monumento funerario. Finalmente   llegamos  al estrecho tajo que es la entrada del SIQ

 
El SIQ,  no es sino un angosto desfiladero de cuatro a seis metros de anchura, 40 a 170 metros de alto y 1,5 kilómetros de longitud.
Debido a un fallo geológico producido por las fuerzas tectónicas se produjo una hendidura en la montaña, las aguas del río Wadi Musa contribuyeron a la erosión de la zona y dieron forma al Siq, es el  desfiladero que nos conduce directamente a la necrópolis de la ciudad nabatea.
El Siq  fue tal vez una vía de purificación espiritual, un lugar donde  me encanto el ambiente de silencio en el que se gozas del frescor de la umbría y del aroma de las higueras.
 
Este  sicomoro  impenitente aún se yergue orgulloso  entre la roca con extraordinaria amalgama de colores iridiscentes, y entre las piedras de sus laderas nos llegan cantos de alondras para demostrarnos que el agua está en algún lugar del suelo de Petra.  Es la higuera del desierto.
 
En las paredes se observan hornacinas en honor a un dios. Aquí  Las águilas de Zeus son las del dios Dushara, el señor de las montañas. Los nabateos ofrecen la demostración de una religión anicónica, sin representación humana, solo geometrismo. Altares y hornacinas, inscripciones en lengua nabatea y griega. No se resistieron a la cultura helenística.
 
 
En algunos rincones pudimos observar restos del pasado caravanero del sitio. Allí una caravana de camellos esculpida en la piedra  aún no se ha ido de Petra y entra con los visitantes entre los colores de las paredes de este impresionante Siq.
 
Es  la sorprendente talla de “La Caravana”, que representa a dos hombres conduciendo cada uno de ellos a dos dromedarios. Un desfile procesional de hombres y animales (casi borrado por el tiempo y la barbarie) inscripciones históricas y hasta un altar de sacrificios, sencillo, en medio del camino y al lado de un pequeño habitáculo excavado en la roca, tal vez el lugar del sacerdote o para almacén de elementos de culto
 
Caminado por el silencioso y sobrecogedor desfiladero de colores pétreos que cambian continuamente de tonalidad, he sentido la emoción como  viajera que espera  al final del Siq oír el galope de unos caballos, los del héroe moderno, Indiana Jones, que buscó el Santo Grial en el Tesoro del Faraón de Petra
 
El simple hecho de caminar a través del Siq es una experiencia inolvidable

Nuestra emoción aumentaba a cada paso, superamos un último recodo y de repente, este tortuoso avance  termina de forma abrupta, y como si del telón de un teatro se tratara, se nos abrió  repentinamente la roca para mostrarnos   la colosal fachada.
Imposible de definir con palabras  la violenta belleza. Curiosamente, esta mundialmente conocida fachada escavada en la roca (que se denomina Tesoro pero nunca escondió tal, fue simplemente un templo) a la que se llega tras la  caminata del Siq  no es el final del trayecto, como puede parecer, sino el comienzo de una impresionante ciudad.


 Al Khazneh es el tesoro de Petra, el templo secreto de Indiana Jones. Era la tumba del rey nabateo Aretas IV (o quizás III), cuya hija fue repudiada por Herodes Antipas que se encaprichó de Salomé. Esto enfadó a Juan Bautista, y Salomé bailó su sensual danza para acabar pidiendo su cabeza.

Es una experiencia imponente. La inmensa fachada, de 30 m de ancho y 43 m de alto, excavada en la cara rocosa y en frente, el estrecho tajo en las rocas del siq por donde llegamos.
Relativamente protegido de la intemperie, con un suave color rosado y una factura sumamente clasicista. Debe su nombre a una leyenda –tal vez influenciada por los datos de Egipto- relativa a la existencia de tesoros de algún rey o faraón, riqueza que estaría en la urna que se halla en el piso superior. El afán por el tesoro hizo que numerosa gente disparase, infructuosamente, sobre esta piedra maciza, consiguiendo, únicamente el deterioro estético de la misma.
 
Aunque han corrido ríos de tinta sobre Petra, nada nos prepara en realidad para este impactante lugar.  Hay que verlo para creerlo.   Así es como Petra la ciudad mítica  se nos presento, como un bello enigma revelado apenas hace algo más de un siglo; un enigma que hoy sigue asombrando y que los beduinos ocultaron durante 700 años en medio de este territorio desértico.

 
Y seguimos caminando y  adentrándonos por esta ciudad perdida .Un poco mas allá, talladas a plomo en las moles de piedra arenisca destacan las fachadas de templos y monumentos funerarios, fundiéndose arquitectura y paisaje en un todo caótico con aires de extraña eternidad.  Porque en Petra se encuentran más de mil tumbas monumentales, lo cual hace suponer que la muerte les obsesionaba, tal y como les ocurría a sus vecinos, los egipcios.

El desfiladero deja de serlo a la altura del teatro, lo construyeron en el siglo I a de C. para un aforo de 4000 espectadores. Lo hicieron al modo griego, más abierto hacia el exterior. En la montaña opuesta aparecen unos inmensos enterramientos colectivos, las más grandes, denominadas tumbas reales.


Después de un pequeño descanso tomando unos refrescos  en un pequeño puesto de bebidas, consultamos  el plano del lugar, y seguimos  adelante, hacia el corazón de Petra, por la Calle de las Fachadas. Se trata de un denso conjunto de tumbas construidas por los nabateos en los farallones rocosos, con una cierta reminiscencia del arte asirio.  Me pare  a charlar con algunas beduinas que venden recuerdos y se hacen fotos con los turistas, son las habitantes hoy de estos lugares.
 
Esculpidas para honrar a los muertos sobre el filo de un barranco están las Tumbas Reales, con estucos tallados sobre la roca viva frente al  gran teatro.
Ya en la gran explanada, sin el cobijo de la sombra que nos proporcionaba las paredes del Siq y con un calor que por momentos se hacía difícil de soportar, continuamos caminando hacia las  moradas eternas de reyes y ciudadanos ilustres y donde la erosión ha dejado su  huella  en las fachadas. Pero con unos colores creados por la naturaleza imposible de igualar.
En este lado del desfiladero, aparece pronto una escalera que sube en dirección sur y luego gira hacia el oeste y acaba en una cumbre ante un altar de sacrificios en honor a Dushara, con sumideros para que corriese la sangre de las víctimas.
 Las gigantescas montañas rojas y los inmensos mausoleos de un tiempo perdido poco tienen que ver con nuestra civilización moderna, y no piden más que ser apreciados por su verdadero valor: Como una de las mayores maravillas jamás creadas por la Naturaleza y el Hombre.
La subida hasta el   (Al-Deir)  Monasterio de petra.
Muchos visitantes de Petra, dicen que la mayoría, no llegan al monasterio,  la razón la tiene un numero infinito de escaleras, especialmente después de haber caminado hasta el final de esta ciudad que es inmensa.

El ascenso sin fin hasta “el Monasterio” y la locura que se desató para construirlo a casi 1200 metros de altura por unas escaleras que luchan por llegar al cielo, es una maravilla difícil de explicar,  abandonado durante siglos solo vivían  aquí los beduinos errantes.

Queríamos verlo y para ello debíamos  subir caminando,  atravesando varias gargantas y barrancos  durante más de dos horas y ascender  los 880 escalones bajo un sol abrasador...
El cansancio y el calor nos hizo desistir a Felisa y a mi,  con la idea de subirlos a pie y aceptamos la invitación de los beduinos, que por un módico precio nos  invitaron a subir en sus burros  para hacer más fácil el transito de esos 8 largos kilómetros de ascensión y los ocho de vuelta, aun que nosotras después los bajamos andando.
 
Para llegar a donde empiezan los escalones hay que atravesar todo Petra. El camino hasta la base de la montaña está lleno de rincones y restos de las construcciones que formaban la ciudad. Los restos romanos, su anfiteatro, los templos, y la sombra del único árbol de la zona con un grupo curioso de turistas apiñados debajo.
Así púes, comenzamos a subir, no sin antes respirar profundamente llenando nuestros pulmones del aire sano del lugar.
Montar aquí en burro entre acantilados y barrancos  es una de las experiencias más alucinantes que he vivido hasta el momento. El animal se conoce el camino de memoria, pero igualmente impresiona ver cómo vamos subiendo las escaleras yendo montada encima de él y además teniendo un precipicio a tan solo unos centímetros de distancia.
Yo solo rezaba para que el animal no tuviera un traspié y acabáramos cayendo los dos por los acantilados. Entre carcajada y carcajada veíamos, Felisa y yo, como subía Iñaki corriendo, agarrado al arnés del burro (por temor a perdernos supongo)  y a Txomin trepar como un saltamontes por delante nuestro para sacar algunas divertidas fotos de nosotras, pobres incautas al borde del precipicio.
Es divertido ver como suben los turistas agarrados al guía y ambos sobre el burro a una velocidad más que acelerada. Es una estampa divertida. Alguna turista, se agarra tanto a su guía que llegarás a dudar de si en realidad intenta no caerse del burro o si aprovecha para disfrutar de ese estrecho contacto con el pueblo beduino…
Esa   tortuosa ruta excavada en la roca no tenía fin pero desde allí se domina el magnífico paisaje de riscos y quebradas y se vislumbra el impresionante desierto rocoso que rodea a Petra.
Al final, el cansancio del recorrido se alivio con la visión de tan magnifica obra humana.


Ante nosotros una extensa planicie y a su derecha la deslumbrante fachada del Monasterio, inmensa y aún más según nos acercábamos a ella, parecía que dentro íbamos a encontrar algo similar al interior de una catedral; sin embargo no fue así, sino que la sencillez más absoluta nos sorprendió, sólo había una cámara con sus paredes desnudas y lisas, desproporcionadamente pequeña ante la grandeza de su fachada. Quizás un lugar de culto iniciático y tumba de algún rey, fuera como fuese sin igual en el mundo conocido.

Data del s. II AC, durante el reinado de rey Rabel II. En el periodo  Bizantino el hall fue reutilizado como capilla cristiana y se excavaron cruces en la pared trasera, pasando a llamarse el “monasterio” Dayr en árabe.
 
Es de los monumentos más legendarios de Petra, quizás el segundo en importancia después de el "tesoro", dicen que fue el reposo de un rey nabateo llamado Obodas I, unos cien años a.C. por lo que he leído en la guía, el patio central previo estuvo rodeado de columnas, aun algunas hoy permanecen esparcidas por el lugar ,y ello hace pensar que igual fue lugar alejado de Petra para celebrar ceremonias especiales.
 
Hay que alejarse un poco para verlo desde otras perspectivas, y vas dándote cuenta que es  el único monumento de Petra que jamás fue restaurado. Tiene 45 metros de altura por 50 de ancho, con una impresionante puerta de 8 metros y una urna colosal de 10. Al Igual que el Tesoro se encuentra completamente tallado en la piedra.

 Las buenas lenguas dicen que  durante el solsticio de invierno, el sol se filtraba  iluminando el podium de una deidad. Justo en ese momento, la silueta de la montaña de enfrente dibuja la cabeza de un león, un animal sagrado. El movimiento del Sol sobre los cielos de Petra determinó la forma en que se levantaron los monumentos, posiblemente, una huella de la naturaleza astral de su religión, que mostraba impresionantes actos de manifestación de lo sagrado en edificios relacionados con los tiempos de culto y adoración.

El Sol lucía implacable, y en el silencio de su fresca sala funeraria decidí permanecer unos minutos refugiada dentro.
 En el  lugar, mi espíritu, se impregno de una inenarrable sensación de paz, como si algo de mi se fuera desprendiendo, una vieja piel ya inservible, aquella que cumplió el propósito para la que fue concebida quizás la de  llevarme hasta este punto de no retorno en nuestra experiencia viajera… Salí de ella más que impresionada.


Al final, merece la pena sentarse en el café frente al monasterio, ahora, tras el esfuerzo, nos sentíamos recompensados de ser tan afortunados de haber podido llegar hasta aquí.


El pequeño  bar es solo un techado, con el té  más sabroso y estupendo que recuerdo en Jordania, quizá por el calor y solanera que habíamos pillado durante la caminata de subida, sobre todo Txomin e Iñaki que subieron a pie. Sentarse, frente aquella maravilla es algo que no tiene precio.
Juraría que las lámparas maravillosas que venden allí  si las frotas, sale un genio que te concede tres deseos. Quizá fue así como Indiana encontró el Santo Grial.
Íbamos bajando y descubriendo muchos rincones sensacionales. No todo el mundo le dedica la adecuada atención a los kilómetros y kilómetros de canalizaciones donde recogían las escasas aguas de los torrentes del desierto, y  los cientos de templos escondidos entre estas gigantescas  montañas  rojas.

! Y pensar que  la memoria de esta espectacular cuidad permaneció para los europeos durante siglos en el neblinoso terreno de la leyenda !


 
A la vuelta pare para llevarme de allí un recuerdo, hoy  mí más preciado tesoro, un poco de arena rosa y azul en un frasco de cristal, un trocito de Petra  para recordar en días de nostalgia. Petra nos había disuelto con su belleza cualquier cansancio, el sol empezaba a ponerse, ya era hora de bajar para enfilar el camino hacia el hotel.


Petra en la noche. Mucha gente no lo sabe, pero la UNESCO ha permitido abrir la ciudad nabatea de Petra para que los visitantes disfruten de uno de los instantes más hermosos de su estancia en Jordania.

El ritual comienza cuando los turistas se van juntando en la oscuridad de la entrada a la ciudad y un guía beduino va acompañándonos por el recorrido. Al traspasar la puerta nos damos cuenta que la ciudad solo esta iluminada por velas y que será así durante los casi dos kilómetros de cañón que debemos recorrer hasta el tesoro. Todos van en silencio y en algunos rostros se palpa tensión, sobre todo en los escasos turistas hebreos que nos acompañan. A medida que las paredes del cañón se van estrechando, las luces de las velas alargan nuestras figuras convirtiendo el pasadizo en un baile de dantescas sombras alargadas. Emocionante.

Algunos gatos maúllan en las paredes y se escucha silbar al viento en las alturas. Al levantar la mirada, atisbamos a ver una estrellada noche que lucha por colar su escasa luz entre los roquedos. No hay luna  y se presienten los fantasmas de líderes beduinos en los rincones cada vez que una sombra desaparece en una hendidura de la piedra. Algo increíble.

Cuando se abre ante nosotros la famosa brecha que da paso al tesoro, el corazón se nos hiela: centenares de velas iluminan la fachada en una danza de gigantescas sombras que toma violentamente la escena mientras, un murmullo de admiración y algún gritito de sorpresa de alguna turista despistada, hace que un perro ladre atemorizado. Los novios se acurrucan, los solteros suspiran, las parejas se besan y un beduino comienza a hacer sonar su "rebaba", una especie de  guitarra de una sola cuerda, cuando todos nos sentamos en el suelo. Mágico.
Al acabar la sinfonía, otro beduino toma su flauta y se pasea como un espíritu de la música entre las velas proyectando su alargada sombra sobre la fachada del Tesoro y otro beduino con atronadora voz, nos recita la historia de Petra como le debió dictar las tablas de la Ley de Dios a Moisés, con enormes gritos que resuenan por la paredes. Conmovedor.

Y esta es la historia de la noche de Petra y que ningún turista se debería perder. Les garantizo que merece la pena.
 
Petra nos dejó una huella imborrable que perdurará para siempre en la memoria de mis Grandes Viajes.A la mañana siguiente después de un merecido descanso, tomamos fuerzas con un excelente  desayudo para recorrer ese misterioso desierto cuyo nombre te emociona solo con leerlo o escucharlo: ¡Wadi Rum!

Envueltas en la calima, a lo lejos, unas afiladas montañas dentadas por la erosión parecían flotar a la deriva en la ruta que nos conducía hacia la aldea de Rum.
 
Desde allí  partimos a explorar el que fuera el rincón preferido de Lawrence de Arabia.

Este arqueólogo y militar británico apasionado por el mundo árabe, calificó este hermosísimo desierto como “enorme, resonante, divino”. Una definición con la que difícilmente podría dejar de estar de acuerdo quienes vivimos en primera persona el absoluto privilegio de adentrarnos por sus pétreos acantilados en los todo terreno e incluso los camellos que se abrían paso por sus paisajes lunares, y de pasmarse ante sus cielos estrellados en las noches de sus campamentos.
 
Un día antes había atravesado el desfiladero de El Siq, la puerta de entrada a Petra, esa  puerta fue también nuestra entrada simbólica a Jordania y esta vez, traspasamos esta otra puerta, la de un espectacular desierto.
A lo largo de mis viajes, he conocido de momento 3 desiertos. El desierto del Sahara en Túnez, el desierto de Egipto y por último este, el de Wadi Rum.
 Yo jamás había imaginado un desierto así…Es como un mar sereno de arenas de distintos colores rojizos del que sobresalen grandes formaciones rocosas de granito, basalto y arenisca, a modo de islotes.
Impresionantes colores que nacen y mueren: del rojo al oro, o del rojo al negro en breves momentos que ni te dabas cuenta. ¡   No esperes verlo en una fotografía, pues estos momentos se captan y se mantienen en la memoria!
Pensaba que todos consistían en dunas de arena que ocupaban inmensas regiones de tierra…pero este está repleto de formaciones rocosas compuestas por grandes torres en las que las tormentas de viento, día a día, lentamente, pero sin descanso han ido cincelando la blanda arenisca de la que están hechas, ayudado, eso si, por la lluvia que aunque no lo parece, en algún momento del año se atreve a caer…
Porque a veces llueve en Wadi Rum. Como a veces emergen sus fantasmas, sus leyendas, sus huellas milenarias.    Hoy esta área protegida fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2011.
 

 
Solo ríos de arena roja entre gigantes de roca que emergen, promontorios imponentes y erosionados durante miles de años. Hay quien se atreve a decir, que es el desierto más bello del mundo y yo no lo pongo en duda. Le dicen Uadi Rum, o Wadi Rum, o Valle de la Luna,  los que  han pasado por él cuentan que este lugar es lo más parecido en el mundo a lo que se puede ver en la luna. Es la opinión que James Irwing, uno de los astronautas del Apollo 15.
La naturaleza, una vez más divagando con sus parámetros. Sólo hace falta dejarse maravillar, sin hacer ningún esfuerzo.
 
Es un laberinto de cañones rocosos y hogar de beduinos y  fue además, un lugar relevante en la Gran Revolución Árabe de 1916, durante la I Guerra Mundial, porque este pequeño y hermoso desierto jordano no paso a la historia por sus arenas doradas, ni por sus gigantescas rocas hogar de aves de rapiña como el halcón de berbería, ni tan siquiera por sus barrancos que albergan río subterráneos de agua que alimentan la ciudad de Amman.

Este sutil desierto pasó a la historia por haber sido el hogar del aventurero, militar, espía y guerrillero Lawrence de Arabia. Aquí  pude empezar a entender por qué este personaje dejó todo por estas tierras.
Este silencioso y atractivo paraje sirve para conocer la inmensidad del desierto, aliado antes que enemigo inhóspito, tal y como comprobó Lawrence de Arabia cuando acampó aquí para descubrirse a sí mismo y al pueblo que lo alzó como personaje histórico. Las cambiantes tonalidades del día y las generosas noches estrelladas recalcan la belleza del desierto, un espacio que no tiene límites. Es fácil  perderse o sentirse pequeño en la inmensidad de este lugar.
 
Aquí se puede galopar en camello  en uno de esos amaneceres imposibles de olvidar para admirar la pulsión del ser humano a cubrir con pinturas el plano vacío de las paredes  que  se pierde en el alba de los tiempos. Y, sobre todo, para sentir el desierto, su silencio, su grandiosidad.
Hoy aquellos beduinos que forjaran la leyenda del mítico inglés, se dedican a pasear turistas en sus todo terrenos que hacen derrapar por las dunas, volar en globo al amanecer si el clima sintoniza con la calma del viento, y pasearlos en camello cerca de las rocas que pintaran sus antepasados cuando las caravanas que lo atravesaban se contaban por miles. Algunos dormitan bajo las paredes rocosas esperando al turista que les saque del duermevela.
¿Nos acompañas a dar una vuelta en ese todo terreno?


Nuestra aventura en el desierto empezó en un jeep blanco que lleva el capó atado a la matrícula con un cable. Subimos al coche muertos de risa,  por no decir que acongojados por lo que nos pueda pasar en la visita, pero toda nuestra desconfianza desapareció cuando nuestro guía beduino se nos presento con una enorme sonrisa enmarcada por unos perfectos dientes blancos. Su nombre Abu... ¡Comienza el recorrido!
El vehículo descapotado no es excesivamente cómodo y en su interior, el escándalo de tanta chatarra saltando no nos deja prácticamente ni oírnos, pero eso no mengua nuestras perspectivas y seguíamos riendo a cada bache, menos Felisa que estaba malita por la solanera del día anterior en Petra.


 Y así es como fuimos hasta el cañón Khaz'ali, junto al “Manantial de Lawrence” que es  donde se encuentran una serie de petroglifos, de 2.500 años de antigüedad  situados en cuevas. Son de la cultura tamúdica, anterior al islamismo.
Una ligera brisa amenazaba con hacer estallar una tormenta de arena cuando alcanzamos los farallones que se conoce como  de los "siete pilares de la sabiduría" nombre que empleó Lawrence de Arabia para titular su famoso libro en el que narró sus días en el desierto luchando contra los turcos otomanos
Pero súbitamente el viento se calmo  y llegamos a la Grieta de Jebel Khazali.
 Tan estrecha como es, no es nada cómoda de recorrer, pero es donde se encuentran estas inscripciones. Dicen que hay miles de dibujos y grabados diseminados por todos estos barrancos de esta gente que vivió aquí. Sus dibujos incluyen representaciones de humanos, pies grandes, cabras, camellos y cazadores.
 
Y dentro del estrecho cañón de unos 150 metros, conocido ya desde el 1000 a. C., vimos estos petroglifos tallados en la piedra de la pared oculta.


Poco después fuimos a escalar una de esas enormes dunas de arena roja que vimos a nuestro alrededor. Seguimos alucinados  por el contraste de colores del cañón y la  preciosa duna roja en medio de la nada.
 
El calor está pegando fuerte e Iñaki  prefiere quedarse abajo, a los pies de la duna sacándonos las fotos, pero el resto no podemos aguantar la tentación y subimos correteando como niños pequeños por la ladera.

El color de la arena cambia dependiendo del sol, y esto vuelve loco el objetivo de nuestras cámaras de fotos. A primera hora de la mañana, justo después de amanecer, es rojo fuerte y va volviéndose anaranjado conforme pasa la mañana


Desde aquí las vistas y la  sensación es fantástica, una mezcla entre vértigo e inmensidad…

Un amanecer en el desierto es casi tan espectacular como ver por la noche las miles de estrellas encima de tu cabeza, sin nada que las tape, ninguna influencia lumínica que eclipse todo su esplendor.
Poco después llegamos a unas jaimas negras cubiertas con pelo de cabra que se han transformado en parte de la estampa de Wadi Rum.

Nos recibieron  con su acostumbrada hospitalidad,  y  fuimos obsequiados por un delicioso té con cardamomo que sentó de maravilla a Felisa que ya se estaba poco a poco recuperando de su malestar.
Pero si hay una experiencia única, es pasar una noche bajo un techo de estrellas compartiendo las horas con los beduinos en una fogata tomando té,  contando historias bajo ese precioso cielo estrellado con las imponentes y fantasmagóricas siluetas de las montañas en la noche rodeados por la negritud del desierto.
 
Solo cuando hayáis respirado hasta la saciedad el aire limpio y hayáis oído el silencio mas desnudo,  solo cuando hayáis visto salir o ponerse el sol desde lo alto de una duna envueltos en un silencio que os limpia el alma, entonces podréis decir que habéis conocido el desierto.

Pocos lugares me han impresionado tanto como este desierto de Jordania. Cruzar en Jeep Wadi Rum, comer en un campamento beduino, descansar en una Jaima y finalizar el día viendo atardecer montado en un dromedario, completando una jornada perfecta que creo que no olvidaré en mi vida.
Si tuviera que elegir un momento mágico en este viaje, no sabría cual elegir  si el recuerdo de un maravilloso amanecer en las montañas de Petra o el de recibir el anochecer en Wadi Rum.

 
Poco después volvimos a Aman para pasar el último día de este fantástico viaje,  no sin antes guardar un poco de aquella arena roja de recuerdo.

 
Como la noche anterior  llegamos súper tarde, ese día nos levantamos con más calma  e hicimos un desayuno tranquilo planeando el día a descansar un poco de tanto ajetreo
 
El resto del grupo había viajado de madrugada hacia Damasco en una excursión de un día que a nosotros nos pareció no merecer la pena, quizá porque llevábamos 6 días recorriendo el país y sus monumentos.  A nosotros lo que nos pedía el cuerpo era disfrutar del contacto con la gente y tomar el pulso a la ciudad a golpe de zapatilla, sin rumbo fijo y sin horarios ni objetivos concretos. Siria merecía un viaje futuro (cosa que por hoy es imposible)

Txomin, Felisa, Iñaki  y yo decidimos visitar durante la  mañana  la parte antigua. Después de revisar un mapa para ver donde iríamos, salimos a la calle con ganas de patear, tomamos un taxi y fuimos a la zona popular de Aman.
Mientras fuimos caminando vimos como todo el mundo nos miraba, no debe ser frecuente ver occidentales en esta parte de la ciudad. Y me di cuenta de que era un Amman diferente a otras ciudades árabes,  me sentía muy bien allí , la gente nos recibía y miraba con curiosidad y sobre todo simpatía, este ambiente árabe te envuelve con más exotismo del esperado, porque reírse está permitido y el estrés parece que no invade el paisaje como en otros lugares…
 
Mientras caminábamos, leo en mi guía de viajes que Amman, la ciudad que toma nombre del dios egipcio Ammon, es un asentamiento ocupado desde hace casi 70.000 años, imagino que tiene que tener una historia increíble debajo de cada una de sus piedras: Asirios, persas y griegos se fueron sucediendo aquí.

Fueron los griegos, concretamente Ptolomeo Filadelfo, los que cambiaron su nombre por Filadelfia, la ciudad del amor fraternal. Después llegaron los romanos que junto con otras ciudades, como Gerasa, la incluyeron en la Decápolis.
Las antiguas ciudades romanas comerciales en las actuales Siria, Israel y Jordania eran conocidas en el siglo I d.C. como la Decápolis, aunque en realidad no eran diez sino diez y ocho. Estaban unidas por una red de calzadas pavimentadas que permitían el tráfico rápido de carromatos. Aquí en Jordania, las ciudades de la Decápolis eran Filadelfia (la actual Amman), Gadara, Umm Quais, Gerasa (Jerash), Pella y Abila. La Decápolis floreció durante la época romana pero con la dinastía Omeya entró en declive al convertir Damasco en el ombligo del mundo musulmán y la puntilla a su esplendor le llegó cuando el ombligo se trasladó a Bagdad.
Con el cristianismo se convirtió en sede episcopal y más tarde volvió a cambiar de nombre a su actual Amman. Llegó el Islam y por aquí pasaron omeyas y abbasíes. Hasta llegar a convertirse en sede del gobierno en 1921 y más tarde en la capital del Reino Hachemita de Jordania.


De todos esos pueblos sólo quedan restos en dos puntos de la ciudad: la ciudadela y el teatro romano. Uno de los lugares habitados de forma continuada más antiguos del mundo, ahí es nada.
Durante más de 7.000 años distintos pueblos han ido habitando la colina sobre la que se asienta la ciudadela, una de las siete que forma esta ciudad siempre que una ciudad está fundada sobre colinas, son siete, el número cabalístico–. A día de hoy se puede ver desde el templo romano de Hércules hasta una iglesia bizantina pasando por construcciones omeyas.
 
Se puede decir que Amman  es una ciudad por todo lo alto. Está dividida en dos partes muy diferenciadas: la zona moderna, donde se encuentran los grandes edificios de negocios y centros comerciales; y la parte antigua, en la que el bullicio y los coches se amontonan alrededor de los mercadillos, mezquitas y sitios para comer algo.
 Es una gran urbe en la que conviven las viejas tradiciones con las nuevas formas de interpretar la vida. Después de ir caminando un rato, a simple vista nos dimos cuenta que  Amman no promete, y desde luego no demuestra ser una ciudad bella, en el más estricto sentido estético. Las casas cuadradas y de aspecto descuidado, sobre todo en la ciudad vieja, son sucias y llenas de cables que no ayudan para nada a encontrar la “belleza” del lugar.

En este barrio se puede apreciar como han construido las casas apelotonadas unas encima de otras en la colina, sin calles sólo con acceso a través de empinadas escaleras. A lo lejos escuchamos el canto al rezo. Comenzamos a oír las distintas mezquitas que empiezan a llamar a los fieles. Parece como si se contestaran unas a otras y con todo lo grande que es la ciudad, aquí arriba se oye perfectamente.
Mientras, vemos a lo lejos el pendón más alto del mundo con 137 metros de altura y una enorme bandera jordana ondulando,  tiene 60 metros de largo por 30 de ancho... El caso es que en cierto modo sobrecoge.
La ciudad, cuenta con 2 millones de habitantes y está situada en el noroeste del país. Nos contaron que Jordania tiene tres fuentes principales de ingresos: el turismo (30% de la economía nacional), los fosfatos (20%, quinto productor mundial) y las ayudas del exterior (50%), sobre todo de EEUU, Arabia Saudí y, en menor medida, de la UE. Qué miedo da el dinero verde de Arabia Saudí. Y la lamentable influencia religiosa que ejerce.
Amman como muchas ciudades árabes es un inmenso bazar y una de las zonas más atractivas por sus tiendas y su gente. Vagabundear por los puestos de frutas, verduras, zapatos, especias y frutos secos que se extienden por las calles me encantó. Fue agradable observar cómo cuidan la disposición de la mercancía, sus conversaciones con gestos plagados de saludos afectuosos a los conocidos, vecinos y amigos, y responder a las sonrisas.
 
En un puesto de productos raros, Felisa compro unas “extrañas” ventosas, con las cuales nos reímos muchísimo el día siguiente al pasar el control del aeropuerto. El agente con cara de interrogación no sabía  que eran aquellos  "extraños cachivaches" en el bolso de nuestra amiga,  ni para que servían y en el peor de los casos, si era seguro dejarlos pasar. Fue divertidísimo ver  las explicaciones con gestos de Felisa, mostrando al agente como esas  ventosas de cristal se utilizan en la medicina alternativa, de como una vez calentadas se aplican sobre la espalda del paciente y como ejercen a modo de succión su terapia, al final entre risas el agente se las devolvió  no muy convencido.
 Nos encanto  recorrer el bullicioso mercado, es ideal para empaparse de olores, colores y sonidos, sobre todo por la mañana cuando está en su punto álgido. Aquí Txomin probó el “jugo” o “zumo” de caña de azúcar exprimido en directo en un puesto callejero y el aguador con atuendo festivo ofrecía té  a los clientes.
Las callejuelas del zoco desembocan por el norte en la congestionada calle Al-Hashimi, es  un hervidero de gente, coches y tiendas, con los minaretes de una mezquita como telón de fondo.
 
En este cruce de calles con una minúscula plaza ante su puerta donde los hombres dejan los zapatos antes de entrar a orar, hallamos la pequeña mezquita del rey Hussein, construida en 1924 sobre los pilares de una antigua mezquita Omeya  por orden del Rey Abdullah, con roca rosada y blanca, es muy coqueta y contrasta con el resto de edificios decrépitos que parecen amenazarla.               
Allí hay también una fuente llamada Ninfeo, donde los hombres se lavan antes de la oración... Nos dispusimos a visitar la mezquita  pero un hombre sentado en el suelo cercano, se precipito sobre nosotros para advertirnos que Felisa y yo no podíamos visitarla, no quisimos discutir y nos alejamos del lugar.


Después de estar varias horas por esta parte de la ciudad y hacer compras nos fuimos a comer al hotel y descansar unas horas del fuerte calor, ya a media tarde volvimos a coger otro taxi y nos fuimos a explorar  por Al-Wakalat, la peatonal de Amán mas moderna y limpia.


Aquí es donde se sitúan las tiendas de las marcas internacionales más reconocidas, el centro de la moda de la ciudad. La gente joven, con y sin velo, compra en Zara o en H&M (curioso, ver sus escaparates adaptados a la realidad árabe) es un contraste muy curioso ver como los minaretes de la mezquitas del barrio viejo compiten con las gigantescas pantallas publicitarias de la zona moderna.

En una tienda de buena artesanía compre  un bonito objeto, es copia de otro antiguo, probablemente, me dice el vendedor, que servía para transportar el correo por el desierto. El vendedor quiso grabar mi nombre en la plata en castellano y árabe. Es un objeto que guardo con mucho cariño.
 
La mezquita King Abdullah, azul. 
Ya fuera del centro destaca la moderna mezquita del rey Abdalá, destaca por su enorme cúpula de color azul. Es la única mezquita de Ammán visitable por no musulmanes. Por la noche está iluminada con focos y la vista desde el exterior de sus minaretes y cúpula resulta muy bonita.
Es la más grande de Ammán,  fue terminada en 1989 y tiene capacidad para 7.000 fieles. Cerca
los suburbios residenciales consisten en calles principalmente bordeadas de árboles y grandes avenidas con casas blancas, conforme a una ley municipal, que declara que todos los edificios deben ser construidos con piedra local.

 
Entrada al palacio real.
Pocos atractivos más se pueden encontrar en los barrios periféricos de la ciudad, salvo algunos restaurantes y bares modernos en las zonas de Jebel Amman o Shmeisani, ideales para cenar con una botella de vino o tomarse una copa, ya que en el centro hay pocos establecimientos que sirvan alcohol.
Ya se nos hacia tarde  era hora de regresar había que hacer la maleta, a primera hora de la mañana volvíamos a España.
 
El trayecto hasta el hotel lo hicimos en taxi y  fue nuestra última anécdota. El conductor iba a toda velocidad, con el teléfono en una mano, hablando con nosotros, cada vez que  hablaba miraba hacia atrás… Para habernos matado… Felisa y yo nos mirábamos y no sabíamos si llorar o reír. Cuando llegamos al hotel, besamos el suelo como el Papa.
 
Después de la cena subimos a la terraza del hotel para hacer las últimas fotos de la ciudad. La puesta de sol es posiblemente el mejor momento para disfrutar de Amman, cuando los añejos edificios parecen brillar en el culminante calor del día.


Y es así como terminamos nuestra estancia,  en un café cerca del hotel  tomando un té fumando una shisha y viendo ponerse el sol tras las colinas de la ciudad  mientras vuelven a llamar al rezo.
Nos quedo claro que Jordania  es un país con magia, inolvidable, que invade los sentidos con sus colores y aromas.
Pues sí, así es  Jordania  un poco el “museo del Desierto”.
 
Maria Manderly

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una vez más, antes organizar un viaje al extranjero siempre consulto tu blog. En esta última ocasión, ha sido para ir a Tailandia con la familia, y como siempre tus explicaciones han sido de gran ayuda.
Vamos!! que soy fan de tu blog.
Gracias por compartir tus experiencias.
Un cordial saludo.
Montse (Madrid)

Anónimo dijo...

Supongo que al que ve Petra por vez primera, como al que ve las pirámides, se le encoge el corazón de la misma manera que a Burkhardt, que es inevitable que sea así, a pesar del turismo y las tontunas, y las altísimas expectativas que uno forzosamente lleva. Hay lugares con ese poder. Yo tampoco he estado por ahí, y dudo mucho que vaya a ir alguna vez. Pero lo que cuentas transmite la emoción incombustible del viajero y lo cierto es que abre el apetiro de ir, incluso a las perezosas y cobardicas como yo. Entre otras cosas, nos recuerdas que “Asia menor” fue Grecia, y fue Roma, y que tiene mucho más en común con nosotros/nosotros con ellos de lo que tanta gente cree.
bss y gracias!
Ana de Santos.